lunes, 24 de enero de 2011

Lewis Mumford: El Reloj y la Perspectiva en "Técnica y Civilización"


“…El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina-clave de la moderna edad industrial. En cada fase de su desarrollo el reloj es a la vez el hecho sobresaliente y el símbolo típico de la máquina: incluso hoy ninguna máquina es tan omnipresente. Aquí, en el origen mismo de la técnica moderna, apareció proféticamente la máquina automática precisa que, sólo después de siglos de ulteriores esfuerzos, iba también a probar la perfección de esta técnica en todos los sectores de la actividad industrial. Hubo máquinas, movidas por la energía no humana, como el molino hidráulico, antes del reloj; y hubo también diversos tipos de autómatas, que asombraron al pueblo en el templo, o para agradar a la ociosa fantasía de algún califa musulmán: encontrárnoslas ilustradas en Herón y en Al-Jazari. Pero ahora teníamos una nueva especie de máquina, en la que la fuente de energía y la transmisión eran de tal naturaleza que aseguraban el flujo regular de la energía en los trabajos y hacían posible la producción regular y productos estandarizados. En su relación con cantidades determinables de energía, con la estandarización, con la acción automática, y finalmente con su propio producto especial, el tiempo exacto, el reloj ha sido la máquina principal en la técnica moderna: y en cada período ha seguido a la cabeza: marca una perfección hacia la cual aspiran otras máquinas. Además, el reloj, sirvió de modelo para otras muchas especies de mecanismos, y el análisis del movimiento necesario para su perfeccionamiento así como los distintos tipos de engranaje y de transmisión que se crearon, contribuyeron al éxito de muy diferentes clases de máquinas. Los forjadores podrían haber repujado miles de armaduras o de cañones de hierro, los carreteros podrían haber fabricado miles de ruedas hidráulicas o de burdos engranajes, sin haber inventado ninguno de los tipos especiales de movimiento perfeccionados en el reloj, y sin nada de la precisión de medida y finura de articulación que produjeron finalmente el exacto cronómetro del siglo XVIII…”
“…El nuevo interés por la perspectiva llevó profundidad al cuadro y distancia a la mente. En los cuadros más antiguos, el ojo saltaba de un lado a otro, pillando migajas simbólicas según lo dictase el gusto y la fantasía. En los nuevos cuadros, el ojo seguía las líneas de la perspectiva linear que el pintor había introducido a propósito
a lo largo de las calles, los edificios, los pavimentos con mosaicos, cuyas líneas paralelas el pintor había introducido a propósito para que el ojo las siguiera. Incluso los objetos en el primer plano estaban a veces colocados en forma grotesca y escorzados con el fin de crear la misma ilusión, El movimiento se convirtió en una nueva fuente de valor: movimiento por sí mismo. El espacio medido del cuadro reforzó el tiempo medido del reloj, Dentro de esta red ideal de espacio y tiempo tienen lugar ahora todos los acontecimientos; y el hecho más satisfactorio dentro de este sistema fue el movimiento en línea recta, pues dicho movimiento se prestó para la representación precisa dentro del sistema espacial y temporal de coordenadas, Otra consecuencia de este orden espacial debe tenerse en cuenta: el situar una cosa espacial y temporalmente llegó a ser esencial para su comprensión, En el espacio del Renacimiento, ha de explicarse la existencia de los objetos: su paso por el tiempo y el espacio es una clave acerca de su aparición en cualquier momento particular y en un sitio particular. Lo desconocido no está menos determinado que lo conocido: dada la redondez del globo, podía suponerse la posición de las Indias y calcularse el tiempo y distancia. La existencia misma de tal orden era un incentivo para explorarlo y rellenar las partes aún desconocidas….”
Lewis Mumford. Técnica y Civilización, 1934. Editorial Alianza, 1971
Seleccionado por el arq. Martín Lisnovsky
Las imágenes fueron tomadas de la web y podrían tener derechos

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