Mostrando las entradas con la etiqueta invitados. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta invitados. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de junio de 2011

Borges: La Tradición está hecha de una Trama Secular de Aventuras


..."Los iconoclastas, argüía, estaban restaurando la genuina tradición del arte pictórico, falseada por herejes como Durero o como Rembrandt. Sus detractores lo acusaron de haber invocado el ejemplo que nos dan las alfombras, los calidoscopios y las corbatas. Las revoluciones estéticas proponen a la gente la tentación de lo irresponsable y lo fácil…… observó que no existe una oposición entre lo tradicional y lo nuevo, entre el orden y la aventura, y que la tradición está hecha de una trama secular de aventuras..."
Jorge Luis Borges. Extracto de "El Duelo", texto del libro "El Informe de Brodie", 1970
Seleccionado por el arq. Martín Lisnovsky
Imagen tomada de la web, desconocemos el nombre y el autor, pero de todas maneras lo felicitamos por su trabajo.

sábado, 12 de marzo de 2011

Invitados: Eduardo Wilde en la Fábrica Faber


"Aun cuando el nombre de “Faber” significa en todo el mundo fabricación de lápices, yo sólo tengo noticia de la existencia de dos fábricas pertenecientes a miembros de la familia Faber, siendo una de ellas la de esta ciudad. El Faber de Nuremberg tuvo la complacencia de mostrarnos su establecimiento y explicarnos, con la obra a la vista, los detalles de la fabricación. Por suerte, a más de hablar francés este amabilísimo y distinguido caballero, uno de sus empleados hablaba español y los dos, rivalizando en cortesías y colmándonos de obsequios, convirtieron nuestra inspección en una visita de placer.
No sé si a todos sucede lo mismo; yo experimento un verdadero contento cuando veo cómo se hace un instrumento u objeto familiar de uso diario: un lápiz, por ejemplo. Me era muy conocido el nombre de Faber y tenía gratitud a los que lo llevaban por haber puesto al servicio de la humanidad, y al mío propio, sus excelentes lápices, famosos en todo el mundo; por esto, con sumo interés y verdadero entusiasmo, con cariño más bien, me acerqué al señor Faber, autor, padre, productor de los abnegados utensilios que con el sacrificio de su vida, dejándose cortar los flancos y afilar las puntas hasta consumir su cuerpo entero, me han ayudado en mis trabajos de redacción.
Gracias a ello puedo escribir acostado, de pie, caminando y de cualquier manera; borrar, corregir, reponer, alterar las palabras sobre el mismo papel, sin echar borrones ni ensuciarme los dedos con tinta, ni necesitar papel secante, ni pluma, sin suspender la tarea para soparlo, sin tener que mojarlo siquiera para mojar las letras.
¿Alguien dudará ahora de la inmensa ternura con que fui a visitar la cuna de mis lápices, a sorprenderlos en germen, luego en embrión; a contemplar su desarrollo, observando los mecanismos que los engendran y les dan forma, a ver a los recién nacidos, por fin, antes de su primera salida en falange por docenas?
Veo primero en un patio una montaña de madera olorosa, escogida, en gruesos tirantes; en otra parte ya está en listones, luego en varillas más finas, después en otras aún más delgadas y con una canaleta. Entré en seguida en un salón donde todo es negro; allí se cocina el grafito; primero está amontonado como carbón, más tarde es polvo y tras de eso una masa caliente; la masa se vuelve hilos gruesos, blandos, enroscados unos sobre otros; más allá, en una mesa, se los ve estirados en líneas rectas paralelas; así entran en los hornos; cuando salen están duros y se meten como en un sarcófago en las canaletas de las varillas de madera. A la sazón vienen unos listones finos untados con cola y cubren las canaletas encerrando el grafito. El lápiz ya está hecho; pero no educado; falta pulirlo, vestirlo, acomodarlo. Una máquina toma los listones rellenos y sólo los suelta cuando están transformados en cilindros o en tallos de sección hexagonal. Unos van a los talleres de pintura y de barniz, otros se quedan con el propio color de su madera, pero bien pulidos.
La oficina de expedición los recoge, los cuenta, los clasifica, los agrupa, los empaqueta, los pone en cajas y los deja listos para emprender el viaje alrededor del mundo, con su precio marcado por todo pasaporte.
Pero lo dicho no es sino un extracto sumario de las mil operaciones necesarias para convertir un árbol y un trazo de carbón en ese universal y utilísimo instrumento, indispensable ahora en la vida del hombre civilizado.
La fábrica hace toda clase de lápices, naturales y mecánicos, baratos y de lujo; manufactura también otros objetos de escritorio en armonía con su industria principal.
Una buena colección de diversos ejemplares de sus productos fue el regalo de despedida con que nos obsequió el señor Faber."

Faber (1896). Wilde, Eduardo.
En: Wilde, Eduardo. Escritos literarios. Buenos Aires, Hemisferio, 1952. Selección y prólogo de Félix Weinberg. pag. 208

Seleccionado por el arq. Gustavo Brandariz

miércoles, 9 de junio de 2010

Pericles, Tucídides y la Democracia allá Lejos y hace Tiempo


TUCÍDIDES: ORACIÓN A LOS MUERTOS EN LA GUERRA DEL PELOPONESO
Al narrar la historia del Peloponeso, Tucídides pone en boca de Pericles la oración a los muertos en esa guerra con estas palabras:
“Nuestro régimen político es la democracia, y se llama así porque busca la utilidad delmayor número y no la ventaja de algunos, Todos somos iguales ante la ley y cuando la república otorga honores lo hace para recompensar virtudes y no para consagrar el privilegio. Todos somos llamados a exponer nuestras opiniones sobre los asuntos públicos. Nuestra ciudad se halla abierta a todos los hombres; ninguna ley prohíbe en ella la entrada a los extranjeros, ni les priva de nuestras instituciones ni de nuestros espectáculos, nada hay en Atenas oculto y se permite a todos que vean y aprendan en ella lo que bien les pareciere, sin esconderle ni aquellas cosas cuyo conocimiento pueden aprovechar nuestros enemigos, porque confiamos para vencer no en preparativos misteriosos, ni en ardides y estratagemas, sino en nuestro valor y en nuestra inteligencia...”
“...Tenemos el gusto por lo bello y cultivamos la filosofía, sin que ello debilite nuestro carácter. Si poseemos riquezas no es para guardarlas ociosas ni para envanecernos de su posesión, sino para emplearlas productivamente. Para nadie es vergonzoso entre nosotros confesar que es pobre; lo que sí es vergonzoso es no tratar de salir de la pobreza por medio del trabajo. Todos los ciudadanos, incluso los que se dedican a los trabajos manuales, toman parte en la vida pública y si hay alguno que se desinteresa de ella se le considera como hombre inútil e indigno de toda consideración. Examinamos detenidamente los negocios públicos porque no creemos que el razonamiento perjudique a la acción; lo que sí creemos perjudicial para la patria es no instruirnos previamente por el estudio de lo que debemos ejecutar...”
“...Esto hace que tengamos al mismo tiempo inteligencia para razonar los actos que debemos ejecutar y audacia para ejecutarlos, diferenciándonos así de los demás pueblos en que la ignorancia los vuelve audaces y la razón inactivos.”
Le agradecemos especialmente a la arqta Marta Sandller por el envío de tan valioso texto

martes, 9 de marzo de 2010

Carl Sagan en Contacto: Una Reflexión Muy Arquitectónica


..."El universo había sido creado ex profeso, manifestaba el círculo. En cualquier galaxia que nos encontremos, tomamos la circunferencia de un círculo, la dividimos por su diámetro y descubrimos un milagro: otro círculo que se remonta kilómetros y kilómetros después de la coma decimal. Más adentro, habría mensajes más completos. Ya no importa qué aspecto tenemos, de qué estamos hechos ni de dónde provenimos. En tanto y en cuanto habitemos en este universo y poseamos un mínimo talento para la matemática, tarde o temprano lo descubriremos porque ya está aquí, en el interior de todas las cosas. No es necesario salir de nuestro planeta para hallarlo. En la textura del espacio y en la naturaleza de la materia, al igual que en una gran obra de arte, siempre figura, en letras pequeñas, la firma del artista. Por encima del hombre, de los demonios, de los Guardianes y constructores de Túneles, hay una inteligencia que precede al universo." Carl Sagan, Contact, 1985

sábado, 6 de febrero de 2010

Antiguas Maldiciones y la Redención Divina: Borges y Judas. Tomás Eloy Martínez


Desde principios de Octubre, cuando salió publicado en el diario porteño "La Nación", que tengo guardado el artículo para subir al blog. Como pocos escritos del 2009, el que hoy compatimos ha generado cuantiosos debates entre amigos y colegas, y lo he discutido con personas de un muy amplio espectro religioso, político y cultural. Siempre, las charlas me han dejado pensando, y eso es lo que siempre he valorado -al margen de opiniones- en los libros y textos de Tomás Eloy Martínez. Su fallecimiento hace pocos días ha transformado esta invitación en nuestro pequeño recuerdo, que oficia también de homenaje a su trabajo.

"Hace dos mil años, y aun algunos siglos después, la religión era una pasión absorbente y avasalladora. Estaba en juego algo mucho más trascendental que la supremacía de los apóstoles depositarios de la doctrina, que habían escuchado las enseñanzas del Maestro después de la Resurrección, cuando Jesús ya se había desprendido de su cuerpo mortal y su alma estaba en relación directa con Dios.
Para las primeras pequeñas comunidades cristianas eran intolerables las desviaciones heréticas que se expandían entonces velozmente en el territorio de Palestina y las tierras adyacentes. Simonianos, ebionitas y nazarenos no tardaron en ser aplastados. El fuego de la piedad era aplacado por rencillas incesantes. Aunque la memoria de la pasión y muerte de Cristo era el lazo que unía a todos los fieles, había pasado menos de un siglo desde la crucifixión y las disputas no tenían fin. Se discutía sobre el perdón de los pecados, sobre la virginidad de María, sobre la salvación o la perdición del alma inmortal y sobre el significado oculto de las palabras de Jesús, que, en definitiva, eran revelaciones de Dios. La autoridad de las profecías de la Biblia hebrea disiparon muchas de las dudas. Miles de cristianos iban a la guerra y sucumbían para imponer la idea de que Jesús era una encarnación humana de Dios y para negar o afirmar que Dios era uno y trino. En cada soldado había un teólogo. Cada capitán defendía un dogma que se declaraba el único verdadero y consideraba que las otras creencias eran blasfemias o herejías que debían ser castigadas con la muerte. En el siglo II, la cristiandad distaba de ser unánime. Se dividía en facciones enemigas, cada una de las cuales apoyaba sus creencias en cinco o más evangelios. Todos ellos se presentaban como los únicos intérpretes fieles de las enseñanzas de Jesús. Las luchas implacables se prolongaron durante siglos. A fines de la cuarta centuria, un grupo al que se conoció después como los protoortodoxos impuso una voz única. Si bien se aceptó que sólo cuatro evangelios formarían el cuerpo central de la doctrina, durante muchos años más esos textos fueron sometidos a supresiones y correcciones para eliminar anacronismos y contradicciones. Los evangelios canónicos fueron escritos entre 65 y cien años después de la crucifixión. Se supone que el primero fue el de Marcos, y que Mateo y Lucas completaron los suyos hacia esa época. Los cuatro cuentan, con pocas variantes, las mismas historias sobre la vida, las enseñanzas y la pasión de Jesús. En los cuatro, la figura de Judas, el apóstol traidor, es estigmatizada cada vez con más énfasis. Juan, el último de los cuatro, no puede ocultar la cólera que le produce el delator. Lo describe aferrado a la bolsa del dinero, marchándose furtivamente de la Cena hacia su castigo infernal. Fuera del canon quedaron los relatos de evangelistas como Santiago, Bartolomé, Felipe, Tomás y Pedro. Se los consideraba apócrifos, palabra que en los primeros tiempos de la Iglesia significaba secretos u ocultos. Todos coincidían en señalar que, sin la traición de Judas Iscariote, sin los latigazos, sin la corona de espinas y la muerte en la cruz, la Redención no habría sido posible. Con esos actos se cumplían las Escrituras, en las que también se anticipa que el traidor va a recibir treinta monedas de plata. La sombra satánica de Judas se arraigó a tal punto en la imaginación de la cristiandad que la iconografía medieval y la renacentista lo representan con la mirada huidiza, apartándose de la mesa de la Ultima Cena, separado de los otros apóstoles y aferrando la bolsa con el pago ignominioso por su crimen. En el último canto de la Commedia , Dante lo describe desgarrado por los dientes de Satanás en el círculo más hondo del infierno y, para artistas como Caravaggio y Leonardo, la fealdad de su cara y la hipocresía de su expresión fueron un reflejo de las tinieblas de su alma. Como todos los educados en la cultura de la Iglesia de Roma, recuerdo haber leído con incrédulo asombro las Tres versiones de Judas, que Borges publicó en 1944. Es uno de los cuentos de su libro Ficciones . Allí Borges atribuye al teólogo escandinavo Nils Runeberg el descubrimiento de un Judas distinto del de los cuatro evangelios. Runeberg observa que el beso de Judas para marcar a su Maestro es un acto superfluo, por no decir inútil. No había por qué identificar a un Rabbi que predicaba con frecuencia en la sinagoga y obraba milagros ante millares de hombres. Pero, como bien señala Borges, "suponer un error en las Escrituras es intolerable". La traición de Judas, por lo tanto, dista de ser casual, y debe leerse como uno de los actos más misteriosos en la economía de la Redención. Judas es el único de los apóstoles que intuye la divinidad de Jesús. Se rebajó a cometer la peor de las infamias sólo para que el Verbo se hiciera carne en la cruz y salvara a la humanidad. Para un joven de veinte años, los que yo tenía entonces, era una audacia, casi un escándalo, leer que el Supremo Mal se transformaba, por un malabarismo de la inteligencia, en un camino necesario para el Supremo Bien. Comenté ese estupor con algunos predicadores de mi provincia. Todos ellos coincidieron en que la tesis de Borges, creada con las armas de la razón, debía mantenerse en extremo secreto. Si por azar salía a la luz, era preciso refutarla de inmediato con las armas de la fe. En 1978, un grupo de campesinos que buscaba tesoros enterrados en las cuevas del Egipto Medio descubrió algo mucho más valioso que el oro. Eran los libros del que más tarde sería conocido como Códice Tchacos, compuestos por un grupo de cristianos gnósticos que valoraban el conocimiento como camino esencial para llegar a Dios. Restaurar esos textos, poner un orden mínimo en el complejo rompecabezas, exigió una década de paciencia. Los papiros, resecos por la falta de cuidado, eran una parva de fragmentos minúsculos, ennegrecidos, casi ilegibles. Entre esos desechos estaba el Evangelio de Judas. Después de que National Geographic lanzó una primera edición en inglés, fue traducido a todas las lenguas occidentales. Que el Evangelio de Judas haya sobrevivido a tantas negligencias y saqueos de los mercaderes es un prodigio. Más asombroso aún es que coincida casi letra por letra con las especulaciones de Borges. ¿Cómo pudo el autor de Ficciones adelantarse cuatro décadas a las revelaciones de un relato que, en 1944, no sólo era desconocido, sino que a la vez no estaba en la imaginación de nadie? ¿Cómo, además, fue capaz de hilar tan fino en la vislumbre de un problema teológico extremadamente complejo? Una respuesta posible es que Borges, lector atento como ninguno, pudo haber conocido, en la edición de Cambridge, los volúmenes de Adversus haereses , una minuciosa refutación de todas las herejías escrita por el obispo Ireneo de Lyon, quien, por supuesto, menciona el texto de Judas. Según los gnósticos, que recibían su inspiración del apóstol infiel, el problema fundamental de la vida humana no es el pecado, sino la ignorancia. El único camino válido para llegar a Dios es el del conocimiento, no el de la fe, que es propia de los hombres simples y primitivos. En el Evangelio de Judas, el apóstol se acerca a Jesús, quien lo instruye en el Gran Secreto. El Maestro no es un simple mortal. Procede de un mundo superior, situado más allá de toda comprensión. El cuerpo de Jesús no tiene una apariencia única, sino que adopta distintas formas, a voluntad. Para regresar al mundo perfecto del Espíritu, Jesús debe morir. Judas hará lo necesario para ayudar a Jesús en su tránsito a la eternidad. Al conocer el Secreto, Judas es el único discípulo que sabe. Está unido al Maestro no por las simplicidades de la fe sino por la firmeza del conocimiento. Dios es un infinito tan sublime que ninguna palabra puede describirlo. Hasta la palabra Dios es insuficiente e inadecuada para designar la Deidad. Desde el siglo IV, el nombre de Judas quedó ligado a "judío" y "judaísmo". Se lo presentaba como el judío malvado que, con su beso traidor, había desatado los tormentos del Gólgota. Su paso fugaz por el Nuevo Testamento enciende las llamas de un antisemitismo que se prolongará por más de mil novecientos años. Susan Gubar, profesora de la Universidad de Indiana y autora de una excelente biografía de Judas, cree que la imagen del apóstol traidor y codicioso, repetida incansablemente durante centurias, fue el antecedente que permitió a los nazis justificar el exterminio de los judíos, a tal punto que, según Gubar, Judas fue para ellos "la musa del Holocausto". Borges no aprueba ni justifica las herejías, aunque su relato, al enumerar las blasfemias, las reproduce sin censuras. Con clarividencia, advierte que sobre Judas convergen antiguas maldiciones divinas y se lamenta porque esas maldiciones, que deberían haber servido para glorificar la Redención, oscurecieron la santidad de su sentido."
Antiguas maldiciones y la redención divina: Borges y Judas"
Tomás Eloy Martínez. Diario LA NACION. Sábado 3 de octubre de 2009

viernes, 29 de enero de 2010

When We Were Kings: Alí vs Foreman en el Zaire, Épica y Estrategia






¿Podrá algún día la ficción superar ésta realidad? ¿Se combinarán cuantiosos factores políticos, sociales, deportivos, en una historia tan increíble y tan real? El documental publicado en 1996 sobre la pelea que enfrentó a George Foreman y Muhammad Alí en el Zaire en 1974 logra captar la esencia de uno de los momento más importantes en la historia del deporte. Ni siquiera la ficción de Michael Mann (Alí, 2002) logra orillar la emoción que provocan los protagonistas originales del relato. Foreman era el campeón de los pesos pesados, imbatible. Alí un campeón de gran carisma y guapeza pero con bastante menor potencia, buscando nuevamente la gloria. Mobutu un presidente del continente africano que ve la oportunidad política de lucirse frente al mundo. Don King, un inescrupuloso empresario que ya utilizaba mujeres para dominar a los boxeadores y a sus economías. Angelo Dundee, el estratega que logra elásticas las reglas del deporte. Un calor inhumano. Un show para honrar la raza con BB King y James Brown. Un documental que ayuda a no olvidar y más aún, a comprender la épica de la historia. Un juego de ajedrez donde la mente le gana a la fuerza. Foreman, el imbatible, se cansó de pegar, y Alí, que ya tenía todo Africa a su favor, logro lo imposible. Ser el más grande también le costó secuelas físicas que nunca pudo superar. No recuerdo historia con tantos ingredientes y tan real como lo muestra el director Leon Gast. Ni 3D, ni Imax, ni Cinemascope. La Historia, en uno de sus mejores momentos. No cometan la locura de perdérsela.
Editado por el arq. Martín Lisnovsky



viernes, 8 de enero de 2010

Invitado: Alejandro Dolina y las Crónicas del Angel Gris


Estos textos de orgullosos fracasos fueron escritos en gran parte para la revista Humor. Cuando la fama radial del Negro comenzó fuertemente a crecer, se recopilaron en este libro, que hace 20 años mantengo en la mesita de luz. Una muestra de la elegancia y el ingenio de un personaje que ha tenido a la historia siempre como un punto de patida para la reflexión. Los invitamos a deleitarse con estos breves, esperando los incentive para acceder a la edición completa.

HISTORIA DEL QUE SE DESGRACIO EN EL TREN
Jaime Gorriti tomaba todos los días el tren de las 14.35
Y todos los días se fijaba en una estudiante morocha. Con prudente astucia trataba de ubicarse frente a ella y –a veces- ligaba una mirada prometedora.
Una tarde empezó a saludarla. Y algunos días después tuvo ocasión de hacerse ver, ayudando a recoger unos libros desbarrancados. Por fin, un asiento desocupado les permitió sentarse juntos y conversar. Gorriti aceleró y le hizo conocer sus destrezas de picaflor aficionado. No andaba mal. La morocha conocía el juego y colaboraba con retruques adecuados.
Sin embargo, los demonios resolvieron intervenir.
Saliendo de Haedo, la chica trató de abrir la ventanilla y no pudo. Con gesto mundano, Gorriti copó la banca.
- Por favor…
Se prendió de las manijas, tiró hacia arriba con toda su fuerza y se desgració con un estruendo irreparable.
Sin decir palabra, se fue pasillo adelante y se largó del tren en Morón.
Desde ese día comenzó a tomar el tren de las 14.10

HISTORIA DEL QUE ESPERÓ SIETE AÑOS
Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
Según supo después, alcanzó a ser feliz. Una noche de junio, la chica resolvió abandonarlo.
- No te quiero más- le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplicó, se humilló, escribió versos horrorosos y lloró en los rincones. La pechugona se mantuvo firme y rubricó la maniobra entreverándose con un deportista reluciente.
El poeta recobró su dignidad y empleó tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado. Su alma se retempló en el sufrimiento y se hizo cada vez más sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño cumpliera.
Más tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquél amor imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lágrimas le corrían por el escote cuando confesó al poeta:
- Otra vez te quiero
Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintió en aquellas horas. El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo. Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca más, nunca más volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.

EL MURAL DE LA PIZZERÍA SAN CARLOS
Lucio Cantini –según se sabe- era un pintor de respetable talento. Es cierto que vendía pocos de sus cuadros, pero éste es un destino bastante frecuente en su profesión.
Tenía el artista un especial entusiasmo por las pinturas murales. Conocía todas las técnicas y había ideado métodos de trabajo ciertamente novedosos.
Sucede –desde luego- que casi nadie encarga murales y en veinte años de actividad, Cantini habría concretado solamente tres obras de ese género, dos de las cuales correspondían a paredes de su modesta pieza.
Pero una tarde de verano, Héctor Saponare, propietario de la pizzería San Carlos, le encargó que pintara totalmente una extensa pared del local que aparecía demasiado triste y vacía.
El artista aceptó sin discutir precios. Adivinó que aquel muro vacante era la posibilidad de su consagración.
Dos años tardó en preparar la pared, para preservarla de la humedad de los baños del fondo y del calor del horno en los tramos del frente. Intentó infinidad de bocetos, que el pizzero fue rechazando uno por uno.
El Pensamiento Puro, hostilizado por las fuerzas de la pasión y el desenfreno.
Los Últimos Instantes del Caos Esperando el Acto Creador, donde las cosas no son todavía, pero presentan ya la fuerza de su posibilidad.
Protágoras de Abdera, Parménides y Zenón de Elea, Empédocles de Agrigento, Thales de Mileto, Pirrón de Elis y Sócrates de Atenas discutiendo en el Hades con Diógenes Laercio, biógrafo de todos ellos.
El Integro Equipo de Boca en 1954 Derrotando a las Huestes Infernales, entre las que se adivinaban jugadores de River e Independiente.
Finalmente Saponare –sin mucho entusiasmo y después de exigir algunas correcciones- aprobó el diseño definitivo.
Se trataba de las Cinco Edades del Gaucho, pintura de tradición gauchesca, que seguía en cierto modo la inspiración de Hesíodo.
En el fondo, cerca de los excusados, la Raza de Oro. Allí se veían despreocupados paisanos comiendo frutos silvestres, bebiendo leche de oveja y perpetuamente jóvenes.
Más adelante, la Raza de Plata, con criollos pendencieros e ignorantes, sometidos a sus madres.
Luego la Raza del Bronce, comedores de carne que se complacían en la guerra.
Casi en el frente, la cuarta raza, también de bronce, pero más noble y generosa.
Finalmente la raza actual, de hierro: paisanos crueles e injustos que sin embargo –y tal vez para complacer al propietario- comen pizza y beben moscato con actitud satisfecha.
Cantini formó un equipo de ilustradores, dibujantes, coloristas ayudantes y aprendices. En su apogeo, el trabajo ocupó a setenta y cinco personas. A pesar de las protestas del pizzero, protegió la pared con altos biombos, para que los parroquianos no pudieran vislumbrarlas miserias de una obra inconclusa.
Cuatro años pasó el artista colgado de los andamios, retocando figuras y dando personalmente casi todas las pinceladas.
Se dice que, contrariando los bocetos, aparecían en ciertos templetes inscripciones forasteras como Pida Flan con Crema o Saque vale en la caja, líneas menos propicias de Hesíodo que del pizzero Saponare.
Cuando el portentoso mural estaba a punto de culminarse, el comerciante informó a Cantini que había vendido la pizzería. El nuevo propietario tenía pensado revestir las paredes de fórmica y prohibió a Cantini y a sus colaboradores el ingreso al local. Hoy la gigantesca alegoría yace bajo paneles relucientes y espejos horrorosos.
Pero en un ángulo, casi pegada al techo, una pequeña mano emerge del innoble revestimiento, como pidiendo socorro.
Lucio Cantini se retiró para siempre del arte. Cada tanto aparece por la pizzería, pide una porción de anchoa y un moscato y sueña con el día improbable en que los paisanos se sacudan para siempre las infames prisiones sintéticas que les imponen los mercaderes.

ALEJANDRO DOLINA. CRONICAS DEL ANGEL GRIS
BUENOS AIRES, 1988. EDICIONES DE LA URRACA

martes, 4 de agosto de 2009

Alvaro Siza en la Pluma de Saramago: Nos Sumamos a la Refracción


Siza Vieira By José Saramago
Toda arquitectura presupone una determinada relación entre la opacidad natural de la mayoría de los materiales empleados y la luz exterior. Los gruesos muros románicos se abrían difícilmente para que la claridad del día moviese, en un espacio que parecía rechazarlas, las sombras que precisamente acabarían dándole sentido. La sombra es lo que permite hacer la lectura de la luz. El gótico se rasgaba verticalmente en vidrieras que, dando paso a la claridad, al mismo tiempo la matizaban para rescatar en el último instante el efecto misterioso de la penumbra. Incluso en los modernos tiempos, cuando la pared es, en gran parte, sustituida por aberturas que casi la anulan, que la hacen desaparecer en absurdos revestimientos de vidrio que diluyen sus propios volúmenes en un proceso de caleidoscópicas reflexiones y proyecciones, la necesidad de apoyo del que el ojo humano no puede prescindir busca ansiosamente un punto sólido desde donde descansar y contemplar.
No conozco en la arquitectura moderna una expresión plástica en que el primordio de la pared sea tan importante como en la obra de Siza Vieira. Esos muros anchos y cerrados surgen, a primera vista, como enemigos inconciliables de la luz, y, al dejarse finalmente abrir, lo hacen como si obedeciesen contrariados a las inaplazables exigencias de la funcionalidad del edificio. La verdad, según entiendo, es otra. La pared, en Siza Vieira, no es un obstáculo para la luz, sino un espacio de contemplación en que la claridad exterior no se detiene en la superficie. Tenemos la ilusión de que los materiales se volverán porosos a la luz, de que la mirada penetrará la pared maciza y reunirá, en una misma conciencia estética y emocional, lo que está fuera y lo que está dentro. Aquí, la opacidad se ha hecho transparencia. Solo un genio sería capaz de fundir tan armoniosamente estos dos irreductibles contrarios. Siza Vieira es ese taumaturgo.

Publicado originalmente el 15 de Julio de 2009 en El Cuaderno de Saramago.
Link http://cuaderno.josesaramago.org/2009/07/15/siza-vieira/


Nos Sumamos a la divulgación del texto que ya fue publicado por varios amigos. Que lo disfruten

Las imágenes fueron tomadas de Flickr y pertenecen a la Fundación Ibere Camargo en Porto Alegre, proyectada y construída por Alvaro Siza entre 1998 y 2008. Como adjunta al escrito en nuestro blog (no en el original), creemos que la elección de esta obra y de su particular morfología le otorgan un aporte adicional al sentido del texto y afianzan la relación con la obra del arquitecto.
Texto seleccionado y especialmente recomendado por el arq. Martín Lisnovsky

miércoles, 3 de junio de 2009

¿Algún Arquitecto aún no ha leído Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino? (2ºed)


Las ciudades y los signos. 2. De la ciudad de Zirma los viajeros vuelven con recuerdos bien claros: un negro ciego que grita en la multitud, un loco que se asoma en la cornisa de un rascacielos, una muchacha que pasea con un puma sujeto con una traílla. En realidad muchos de los ciegos que golpean con el bastón el empedrado de Zirma son negros, en todos los rascacielos hay alguien que se vuelve loco, todos los locos se pasan horas en las cornisas, no hay puma que no sea criado por un capricho de muchacha. La ciudad es redundante: se repite para que algo llegue a fijarse en la mente. Vuelvo también yo de Zirma: mi recuerdo comprende dirigibles que vuelan en todos los sentidos a la altura de las ventanas, calles de tiendas donde se dibujan tatuajes en la piel de los marineros, trenes subterráneos atestados de mujeres obesas que se sofocan. Los compañeros que estaban conmigo en el viaje, en cambio, juran que vieron un solo dirigible suspendido entre las agujas de la ciudad, un solo tatuador que disponía sobre su mesa agujas y tintas y dibujos perforados, una sola mujer-tanque apantallándose en la plataforma de un vagón. La memoria es redundante: repite los signos para que la ciudad empiece a existir.
Las ciudades y la memoria. 3. Inútilmente, magnánimo Kublai, intentaré describirte la Ciudad de Zaira de los altos bastiones. Podría decirte de cuantos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo los arcos de sus soportales, qué chapas de Zinc cubren los techos; pero sé ya que sería como no decirte nada. No está hecha de esto la ciudad, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia al suelo de un farol y los pies colgantes de un usurpador ahorcado; el hilo tendido desde el farol hasta la barandilla de enfrente y las guirnaldas que empavesan el recorrido del cortejo nupcial de la reina; la altura de aquella barandilla y el salto del adúltero que se descuelga de ella al alba; la inclinación de una canaleta y el gato que la recorre majestuosamente para colarse por la misma ventana; la línea de tiro de la cañonera que aparece de improviso desde detrás del cabo y la bomba que destruye la canaleta; los rasgones de las redes de pescar y los tres viejos que sentados en el muelle para remendar las redes se cuentan por centésima vez la historia de la cañonera del usurpador, de quien se dice que era un hijo adulterino de la reina, abandonado en pañales allí en el muelle. En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.
Extractos de: Calvino, Italo. Las Ciudades Invisibles. Barcelona, 1983, Minotauro Original: Le cittá invisibili, 1972
Imágenes correspondientes a las tapas de ediciones y a la interpretación del libro por contessa5
Seleccionado por el arq. Martín Lisnovsky
Nota: En agradecimiento por los mails recibidos desde Santa Fe, Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Oberá, Barcelona, Valencia, Bogotá, México y Acapulco, y los comentarios con sus interesantes link, agrego al artículo otro texto del libro. Algunos me preguntaban porqué incluía en el blog a un libro tan conocido, y es que justamente me pareció en charlas recientes que los actuales estudiantes no lo conocen como debieran. Cada generación merece descubrir el legado de la historia, de primera mano o de terceros, y allí los docentes tenemos una labor que realizar. Gracias por visitarnos diariamente.

jueves, 2 de abril de 2009

Para los que Nos Invitan a Transformar Nuestra Cultura, Desafiando la Inercia


Agosto de 2001. Los Colonizadores
Los Hombres de la Tierra llegaron a Marte. Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Dejaban mujeres odiosas, trabajos odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno indicaba desde carteles de cuatro colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE! Y los hombres se lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aún antes que el cohete dejara la Tierra. Enfermaban de soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce al tamaño de un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que no ha nacido nunca, que no hay ciudades, que no está en ninguna parte, y sólo hay espacio alrededor, sin nada familiar, sólo hombres extraños. Y cuando los Estados de Illinois, Iowa, Missouri o Montana desaparecen en un mar de nubes, y más aún, cuando los Estados Unidos son sólo una isla envuelta en nieblas y todo el planeta parece una pelota embarrada lanzada a lo lejos, entonces uno se siente verdaderamente solo, errando por las llanuras del espacio, en busca de un mundo que es imposible imaginar.
No era raro, por lo tanto, que lo primeros emigrantes fueran pocos. Su número creció constantemente hasta superar a los hombres que ya se encontraban en Marte. Los números eran alentadores. Pero los primeros solitarios no tuvieron ese consuelo.
Capítulo del libro de Ray Bradbury "Crónicas Marcianas"
Buenos Aires. Primera Edicion, agosto 1955. Editorial Minotauro Título original: THE MARTIAN CHRONICLES. Ray Bradbury, 1946

Dedicado a la Memoria del Presidente Dr. Raúl Ricardo Alfonsín (1927-2009)

miércoles, 11 de febrero de 2009

Siéntase Humano: Canciones Imbatibles Cantadas desde el Alma



El contador de entradas pasó los 500.000, y eso se debe festejar a lo grande. Pensamos algo simbólico y humano a la vez, que represente de alguna manera el espíritu de mantener un espacio de amistad, de docencia y de intercambio de información con gente apasionada por las mismas cosas. Algo que levante el ánimo, que nos obligue gentilmente a bajar un cambio y disfrutar el corazón que llevamos dentro. Si usted se siente perdido, desanimado, como un par de disquettes viejos, una resma A4 o un odontólogo, esta es una oportunidad. Este video posee un encanto tal que lo hará emocionar, cantar, bailar, saltar con sus hijos, abrazar a la patrona, reconciliarse con su novia, un viejo amigo o pedirle perdón a quienes la vida alejó de nuestro lado circunstancialmente. Créanme, es mágico.
El video está hace un par de meses dando vueltas por la red y es un extracto del hermoso documental “Playing for Change” (http://www.playingforchange.com/) que esta saliendo en estos días en DVD. Una superposición de artistas callejeros de todo el mundo cantando canciones inmortales, desde lo más profundo del alma. Una joyita. En el link de Youtube encontrarán otras canciones que forman parte del compilado, pero elegimos para este momento “Stand By me” que es una manera de agradecer a todos los que nos visitaron en estos casi dos años, y lo siguen haciendo, manteniéndose a nuestro lado y compartiendo las mismas inquietudes de la historia, la arquitectura, y del ser humano.
Agradecemos la selección del material a la talentosa arquitecta rosarina Silvina Bianchetti. Nos mantenemos en contacto por comentarios o por mail, arqhis@gmail.com.
Gracias a todos, arq. Martín Lisnovsky

viernes, 2 de enero de 2009

Esto Matará a Aquello. El Notre-Dame de Victor Hugo, parte 1


Quizás el cambio de tecnología entre el papiro y el pergamino o entre el rollo y el códice haya sido traumático, pero seguramente lo fue menos del que se produjo con el invento de Johannes Gutenberg. En estos días de esbozos de maduración digital (tomen conciencia de lo que es un escritorio en nuestros días, podría dominar a todo el ejército romano..) me da placer comenzar el año con una cita del capítulo Esto Matará a Aquello, del libro Notre-Dame de Paris publicado por Victor Hugo en 1831. Invitamos a nuestros lectores que acompañen el calor o el frío de Enero leyendo esta maravillosa novela, o por lo menos el capítulo entero. De esta manera comienza:

"Que nuestros lectores nos perdonen si nos detenemos un momento para analizar el sentido que se ocultaba tras aquellas palabras enigmáticas dichas un poco antes por el archidiácono: Esto matará a aquello. El libro matará al edificio.
Creemos que este pensamiento tenía dos sentidos; era primeramente el pensamiento de un cura; el espanto de un cura ante una circunstancia nueva cual era la imprenta. Era el miedo y el deslumbramiento del hombre del santuario ante la prensa luminosa de Gutenberg; eran el púlpito y el manuscrito; la palabra hablada y la palabra escrita, alarmadas ante la palabra impresa; algo así como el estupor de un pajarillo contemplando al ángel de la Legión desplegando sus seis millones de alas. Era como la voz del profeta que oye susurrar y afanarse a la humanidad ya emancipada, que lee en el futuro y ve cómo la inteligencia socava la fe y cómo las opiniones van acabando con las creencias, cómo el mundo zarandea a Roma. Pronóstico del filósofo que ve cómo el pensamiento humano volatilizado por la imprenta, se va evaporando del frasco teocrático. Terror del soldado que al ver el ariete de bronce, dice que su fortaleza será fatalmente abatida.
Aquello significaba que un poder iba a suceder a otro poder; quería, en fin, significar: la imprenta hará sucumbir a la Iglesia.
Pero bajo este pensamiento, el primero y el más elemental sin duda, creemos que había otro más avanzado; un corolario del primero, más difícil de deducir y más fácil de contradecir; una visión filosófica no sólo para el cura, sino para el sabio y para el artista.
Era el presentimiento de que el pensamiento humano, al cambiar de forma, cambiaria también en la expresión, que las ideas capitales de cada generación no iban a tratarse ya del mismo modo ni a escribirse de la misma manera; que el libro de piedra, tan duro y perdurable, iba a ceder la plaza al libro de papel, más sólido y más perdurable aún. Bajo este aspecto la vaga fórmula del archidiácono encerraba un segundo sentido: significaba que un arte iba a destronar a otro arte. Quería decir: la imprenta matará a la arquitectura.
En efecto, desde el origen de las cosas hasta el siglo XV de la era cristiana inclusive, la arquitectura ha sido el gran libro de la humanidad, la expresión principal del hombre en sus diferentes estadios del desarrollo, sea éste bajo la forma de la fuerza o de la inteligencia.
Cuando la memoria de las primeras razas se sintió demasiado llena de cosas, cuando el bagaje de recuerdos del género humano se hizo tan pesado y confuso que la palabra, desnuda y volátil, corría el riesgo de perderse en el camino, fueron transcritos en el suelo de la forma más visible, más duradera y más natural a la vez. Se selló cada tradición bajo un monumento.
Los primeros monumentos fueron simples trozos de roca, que el hierro no había tocado, dice Moisés. La arquitectura comenzó como toda escritura; primero fue alfabeto.
Se plantaba una piedra en el suelo y era una letra y cada letra era un jeroglífico y sobre cada jeroglífico descansaba un grupo de ideas igual que hace el capitel sobre la columna, fue así como actuaron las primeras razas en todas partes, en todo instante y en toda la superficie de la tierra. Así encontramos la piedra erguida de los celtas, en la Siberia asiática y en las pampas americanas.
Más adelante se hicieron palabras y colocando una piedra sobre otra se fueron acoplando las sílabas y el verbo intentó algunas combinaciones. Palabras son el dolmen y el cromlech de los celtas y los túmulos etruscos y el galgal hebreo. Algunas de estas palabras, el túmulo básicamente, representan nombres propios, pero a veces, cuando se disponía de muchas piedras de una gran extensión de terreno, se escribía una frase completa y así tenemos el acumulamiento enorme en Carnac que sería ya toda una fórmula completa.
Finalmente se hicieron los libros. Las tradiciones habían engendrado símbolos bajo los cuales desaparecían como los troncos de los árboles bajo su propio follaje y esos símbolos en los que creía la humanidad iban creciendo multiplicándose, cruzándose y haciéndose cada vez más complicados. Los primitivos monumentos no eran suficientes para contenerlos y eran desbordados por todas partes, aunque aquellos monumentos expresaran apenas una tradición ruda como ellos mismos, sencilla, desnuda y a ras de suelo. El símbolo necesitaba expandirse en el edificio y así la arquitectura se desarrolló a la par que el pensamiento humano. Se convirtió en un gigante de mil patas y mil cabezas y fijó, bajo una forma eterna, visible y palpable, todo aquel simbolismo etéreo. Mientras que Dédalo, que es la fuerza, medía, y mientras Orfeo, que es la inteligencia, cantaba, el pilar, que es una letra, el arco, que es una sílaba, la pirámide, que es una palabra, puestos todos a la vez en movimiento por una ley geométrica y por una ley poética, se agrupaban, se combinaban, se amalgamaban, bajaban, subían, se yuxtaponían sobre el suelo, se escalonaban en el cielo hasta escribir, al dictado de la idea general de una época, aquellos libros maravillosos que eran los maravillosos edificios de la pagoda de Eklinga, el Ramseidón de Egipto, o el templo de Salomón…
Victor-Marie Hugo (1802 – 1885), Notre-Dame de Paris, 1831

martes, 22 de julio de 2008

Para refrescar la memoria y aclarar mi entendimiento...


Pocas veces un tema tan importante en la opinión pública me llegó tan confuso y contradictorio. En los últimos meses, Argentina se vió sacudida por un enfrentamiento de pesados en el cual no pude, o no supe, lograr comprender la naturalidad de las objetivos de cada personaje. Sin que me asegure nada a priori, ha llegado a mis manos un texto maravilloso de la ganadora del último Premio Nobel de Literatura: Doris Lessing. Allí seleccioné para ustedes algunas frases que me parecen limpian un poco las nubes. Pueden tomarlas en estado puro, relacionarlas con el conflicto mencionado, hacer analogías con nuestra profesión, o imprimirlas, hacer un avioncito y enviarlo mas allá de sus ventanas. Siempre y cuando les aporte algo de alegría (alegría.....)

“…El lavado de cerebro tiene tres pilares o procesos principales, hoy bien comprendidos. El primero es la tensión, seguida por el relajamiento…El segundo es la repetición: decir o cantar la misma cosa, una y otra vez. El tercero es el empleo de ciertos lemas: la reducción de ideas complejas a simples conjuntos de palabras…”
“Un movimiento de masas, conjunto de opiniones de las masas, sucede a otro: por la guerra, contra la guerra, contra la guerra nuclear, por la tecnología, contra la tecnología. Y cada uno engendra cierto estado mental: violento, emotivo, partidista, suprimiendo todos ellos los hechos que no les convienen, mintiendo y haciendo imposible hablar en el tono de voz bajo, frío, apacible y sensato que, me parece a mí, es el único que puede producir la verdad…”
“Cuando estamos en un grupo solemos pensar como piensa el grupo; acaso hayamos ingresado en el grupo para encontrar personas ‘afines’ pero también descubrimos que nuestro pensamiento cambia porque pertenecemos a otro grupo. Mantener una opinión individual disidente cuando se es miembro de un grupo es la cosa más difícil que puede haber…”
“…los niños aprenden mejor de los maestros que esperan que aprendan bien y la mayoría lo hará mal si no se espera mucho de ellos…”
“Creo que solemos olvidar cuan nueva es la idea de que un individuo deba tener derechos, de que un ciudadano deba poder criticar al gobierno. ¿Cuán nueva es? ¿Cuándo nació este concepto por vez primera en la comunidad humana? En este punto hay quienes empiezan a murmurar algo acerca de la antigua Grecia, olvidando que era un Estado esclavista que en realidad permitía libertades mínimas a una minoría de varones. Para llevar adelante nuestra discusión sería prudente decir que nuestros conceptos de libertad y de los derechos del individuo nacieron con la Revolución inglesa, con la Revolución francesa y con la Revolución norteamericana. Todas ellas son, pues, ideas verdaderamente jóvenes; muy frágiles aún y muy precarias.
Que una persona tuviera derecho a exigir que se le aplicara la ley: ¡vamos!, hace tres o cuatro siglos, nadie habría entendido lo que eso querría decir. Hoy es una idea tan poderosa que ha causado la caída de gobiernos fuertes e implacables. Parece haber echado raíces la idea de que existe algo que puede llamarse gobierno civilizado. De otro modo, ¿cómo se habrían puesto de acuerdo los ciudadanos de Argentina en que deseaban juzgar a un gobierno depuesto por conducta perversa y cruel, por conducta indebida? Esto me parece a mí lo más extraordinario y alentador; me parece alentador que siquiera pueda estar ocurriendo y, al hacerlo, nos demuestre que en la mentalidad mundial hay una idea de lo que debe ser el gobierno. ¿Ha habido antes un ejemplo de ciudadanos que desearan procesar a un gobierno por conducta indebida? No soy historiadora, pero me parece que ésta es una cosa nueva en el mundo…”

Doris Lessing. Las cárceles elegidas. [Prisons we choose to live inside]
México, 1993 [1986], Fondo de Cultura Económica.

Doris Lessing fue premiada con el Premio Nobel de Literatura en 2007.

jueves, 19 de junio de 2008

Primeros Invitados: Adolfo Bioy Casares y los Jardines Ajenos


En el año 1997, el grupo editorial Temas publicó un libro de Adolfo Bioy Casares titulado "De Jardines Ajenos"; en él, nuestro amigo reproduce fragmentos recopilados en sus cuadernos de notas, tomados de libros, conversaciones, anécdotas, películas y demás. Comenzamos entonces una nueva serie titulada "Invitados" con personajes no vinculados directamente al mundo de la arquitectura, pero en este caso con escritos que demuestran observación, expresión gráfica y un poco de picardía, todo ello tomado con mucho humor. Seleccionamos algunas frases para ustedes. Las fotografías refieren a Buenos Aires y son meramente ilustrativas; fueron tomadas de Flickr y tienen derechos; el nombre de los autores figura en el archivo.

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. (Albert Einstein)

De Groucho Marx a un humorista: “Recibí su libro. Desde que lo abrí hasta que lo cerré he reído sin parar. Lamentablemente no pude leerlo.”

Lugar: Buenos Aires. Época: alguna en que vedaron la venta de carne. Personajes: un malevo y una muchacha abundante. Al verla pasar, el malevo comenta:
- Después dicen que no hay carne.

Los Dioses no dan juntas las virtudes (de la Ilíada)

La Revolución de Mayo fue hecha por Buenos Aires y para Buenos Aires, sin las provincias y contra las provincias. (Juan Bautista Alberdi)

Piazzolla, a un amigo teñido y tal vez de piel estirada por cirugía plástica: “Te felicito, González. Estás muy bien conservado. ¿Quién te embalsama?”.

Usted tiene razón, pero es un imbécil (Italo Severo)

Cartel en el bajo Flores: Pinto Casa a Domicilio.

Ocurre con los libros lo que con los hombres: un número muy reducido tiene gran importancia; los demás andan confundidos entre la multitud. (Voltaire, Dictionnaire)

Cuando se conocieron
Mastronardi: Yo sabía que usted era muy superior a la otra señora.
Victoria Ocampo: ¿Qué otra señora?
Mastronardi: La de Samotracia.

La Humanidad no tolera demasiada Realidad. (T.S.Eliot)

He conocido la verdad y no tiene sentido. (Chesterton)

Un curioso argumento
El matemático escocés John Craig, en sus Theologicae Christianae Principia Matemática (Londres, 1699), basándose en la hipótesis de que con el tiempo se debilitan las creencias basadas en el testimonio humano, aseguraba que las revelaciones del Cristianismo serían nulas en el año 3150 si antes Cristo no bajaba de nuevo a la tierra. Su discípulo Petersen sostuvo (Animadversiones, 1701) que la fecha era 1789. (M. Vilela, Soirées avec Casanova)

Si para ir al cielo tuviera que afiliarme a un partido, no iría al cielo. (Jefferson)

No venimos del mono, vamos hacia él. (Gobineau)

Cuando la academia de Hollywood le otorgó un Oscar, Groucho Marx agradeció en un emotivo discurso, en el que dijo:
“ Señores, he vivido una noche inolvidable. Pero no ha sido ésta…”

Infinita es aquella cantidad en que las partes son tan copiosas como el todo. (B.Russel)

¿Qué será la Pampa vista desde la cima sensitiva de mi corazón? (Ortega y Gasset)

Con el tiempo, lo ocurrido entra en la categoría de lo inventado. La Historia es un género literario.

Disiento conmigo, como dicen los irlandeses. (Boswell)

El momento de abandonar es cuando se ha perdido una gran suma, toda esperanza de éxito, la resistencia y el amor por el juego. (Ambrose Bierce, The Right tot ake oneself off)

Goethe observó que el pensamiento no sirve para pensar

Ya lo sabe, cuando usted habla conmigo, se calla. (Elena Ceaucescu)

Pero casi todos los poetas originales, particularmente aquellos que han creado un estilo artístico, están sujetos a un hábito muy desastroso –el hábito de imitarse a sí mismos. (Chesterton, Browning)

En un cementerio
Contaba Alfred Hitchcock que, en un cementerio de Londres, junto a la tumba de un compañero muerto en la Segunda Guerra Mundial, se reunieron varios actores. Uno de ellos preguntó al viejo Charlie Coborn, actor de music-hall:
- ¿Cuántos años tienes?
- Ochenta y nueve.
El otro le dijo:
- Realmente, Charlie, ¿te vale la pena volver a casa?

Ultimas palabras
Las últimas palabras de Claudel (según Julián Green, Journal, X) fueron: “Doctor, ¿cree que habrá sido el salchichón?”.


Seleccionado por el arq. Martín Lisnovsky

lunes, 9 de julio de 2007

Einstein, Dios y la Arquitectura


En el libro "Querido Profesor Einstein", editado en el 2004 por la Editorial Gedisa, se publican numerosas correspondencias que Albert Einstein ha tenido con chicos de todo el mundo.
Transcribimos una pregunta y su respuesta:
"¿Los científicos rezan?
De Phyllis, Nueva York 19 de enero de 1936.
Mi querido doctor Einstein: Nos hemos planteado la pregunta: "¿Los científicos rezan?" en la clase de catequesis. Surgió al preguntarnos si podíamos creer a la vez en la ciencia y la religión. (..) Nos honraría recibir su respuesta a la pregunta: ¿Los científicos rezan, y para qué rezan? (...)
Respetuosamente. Phyllis"

"24 de enero de 1936. Querida Phyllis: Intentaré responder a tu pregunta con la máxima sencillez que pueda. Esta es mi respuesta: Los científicos creen que todo lo que ocurre, incluidos los asuntos humanos, se debe a las leyes de la naturaleza. Por tanto, un científico no se siente inclinado a creer que el curso de los acontecimientos pueda verse influido por una plegaria, es decir, por un deseo manifestado de manera sobrenatural.
Ahora bien, debemos reconocer que nuestro conocimiento actual de estas fuerzas es imperfecto, de manera que, en última instancia, la creencia en la existencia de un espíritu último se basa en algún tipo de fe. Tal creencia continúa siendo muy común, a pesar de los logros actuales de la ciencia. Pero asimismo, todo el que desarrolla concienzudamente una investigación científica se convence de que existe cierto espíritu manifiesto en las leyes del universo, inmensamente superior al del hombre. En este sentido, el objetivo de la ciencia conduce a un especial sentimiento religioso, que, sin duda, es bastante diferente de la religiosidad de alguien más ingenuo. Con un saludo cordial. A. Einstein"

Si nosotros trazaramos una analogía entre esta última frase y la relación entre los estudiantes y arquitectos y las figuras destacadas en nuestra profesión, si bien habitualmente no les rezamos, muchas veces nos quedamos con primeras impresiones que maravillan nuestros ojos. Como bien explica el científico, sería muy diferente si esa admiración naciera de un profundo análisis y su posterior reflexión, de verificar las ideas en obras y comprender los problemas donde ellas hayan sido puestas a prueba.
Seguramente con los verdaderos maestros, inclusive los más jóvenes, tendríamos una relación más sólida y fructífera.
(Imagen del Crown Hall de Mies van der Rohe luego de su reciente restauración)

Editado por el arq. Martín Lisnovsky

LinkWithin

Blog Widget by LinkWithin