miércoles, 30 de septiembre de 2009

Las Exposiciones en Madrid de Norman Foster y Oscar Niemeyer: una Opinión



“la oportunidad perdida”
Madrid últimamente esta muy expositiva, Exposición de los Croquis de Norman Foster en el Ivorypress, Exposición de Oscar Niemeyer en la Fundación Telefónica, son sólo algunos ejemplos. Cuando uno encuentra la posibilidad de ser espectador de la obra de un arquitecto, sensaciones de intriga y expectación nos invaden, es mucho lo que hemos oído hablar de ellos, más allá de la admiración personal hacia una u otra forma de hacer. Nos hacemos un hueco en la agenda, y acercamos hasta donde sea factible participar de dicha experiencia visual.
La exposición de Norman Foster y su trayectoria como arquitecto, desde su más temprana edad nos deslumbró.
El sitio, la puesta en escena, el orden de los objetos y el contenedor, era prolija, precisa y académicamente correcta. La muestra estaba organizada en etapas de proyectos. El orden visual planteado desde la organización de los objetos, alineados perfectamente sobre un blanco soporte mural que parecía infinito. Las maquetas de escala considerable, por las que podíamos espiar y colarnos a través de sus amplias transparencias, regían y dividían el área central. Detrás de las maquetas, que además atraían nuestra mirada desde la rampa de acceso, se encontraban los croquis y cuadernos del arquitecto, haciendo referencia a los proyectos y obras expuestas. Por otro lado y sobre el muro paralelo podíamos encontrar los croquis de un Foster estudiante, momentos en los cuales se esforzaba por entender la lógica constructiva de las catedrales góticas o la percepción espacial de Ronchamp. Como cierre de recorrido, nos sentábamos cómodamente en una de las sillas que formaban parte de un auditorio improvisado, para poder ser testigos de los videos que la BBC había editado. Todo era armonioso y detallista. El lenguaje elegido para mostrarnos el proceso de diseño y sus consecuencias, nos pareció correcto, apropiado, altamente comunicativo de las experiencias proyectuales de Sir Norman Foster.
Más allá de ser o no un seguidor de su trayectoria, no quedaban dudas de su rigor y dedicación hacia la carrera.
Dejamos dicha exposición sumamente satisfechos, con el Catálogo del Estudio en nuestro poder, ansiosos por poder leerlo, intentando prolongar la sensación de encanto que habíamos vivido hacia escasos instantes. El ambiente era dinámico, se notaba el respeto hacia lo que se contemplaba. La gente escuchaba en silencio los videos, se comentaba en voz baja frente a los croquis cada situación espacial, madres explicando a hijos, hijos explicando a madres. En fin, un ámbito cultural que albergaba la obra del arquitecto que lo había reciclado. Foster se encontraba cómodo, estaba como en casa, había sido cuidadosamente expuesto.
Diferente fue la experiencia vivida con la Exposición de Oscar Niemeyer, lejos esta por nuestra parte ejecutar una crítica hacia la arquitectura del Maestro.
Pero si debemos destacar que las sensaciones dentro del recorrido fueron de total desencanto. La noche del 19 de septiembre en Madrid, fue la Noche en Blanco, una noche preparada para las experiencias y creaciones artísticas, una noche más que indicada para la inauguración de la muestra de un arquitecto que ha pasado la barrera del siglo cronológicamente hablando. Un profesional que bien podría ser mejor estudiado y valorado como puente entre la explosión conceptual del llamado Movimiento Moderno y nuestros días. Por otro lado no es Madrid la ciudad que acoge una de sus últimas obras, pero si lo es España. Con lo cual, nuestra expectativa era alta y la desilusión pues lamento comentarles que también. Nos encontramos con un espacio adecuado, un recorrido intencionadamente delineado, una línea de tiempo un poco confusa para los ojos poco entrenados y un plano del mundo y Brasil que hacían referencia cromática a las huellas que Oscar ha dejado a lo largo del planeta. Las maquetas eran de escala diminuta, había que saber interpretar el concepto en cada uno de los edificios, y no estoy segura que la muestra tuviera como objetivo únicamente a personas de la profesión. Creo que no era de fácil comprensión, el orden de las fotografías y su tamaño poco adecuado desmerecían las obras inevitablemente. Los croquis en soportes horizontales se escondían en cajas negras. El muro amarillo de más de 10 metros de largo con croquis en trazos negros, era lo más parecido a la emoción que íbamos a poder percibir en esa muestra.
Creemos que Oscar Niemeyer merecía otro tipo de puesta en escena, se deslucía su concepción y manera de ver el hábitat del hombre.
Pero si podemos rescatar sus palabras, en el video que una y otra vez se proyectaba en un televisor plasma: “Huir de la figura del especialista”. Afortunadamente pudimos tomar nota, y hacerles llegar una idea, que sí esta por encima de cualquier opinión sobre la muestra.
La voz también merece ser escuchada, aunque el ruido circundante intente acallarla.

Escrito por la arq. María de la Paz Molinari

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