miércoles, 5 de diciembre de 2007

Richard Buckminster Fuller: Relacionando la Construcción de una Casa y de un Auto



Si, hoy día, un hombre que quiera adquirir un automóvil visita a uno de los cinco mil diseñadores de estas máquinas que hay en la ciudad de Nueva York, equivalentes a los cinco mil arquitectos de Nueva York, y comienza las tratativas con el diseñador, estipulando que desea que su automóvil se parezca exteriormente a una góndola veneciana, un ricksaw de la Dinastía Tang, un fiacre francés, o una carroza de Gran Bretaña en tiempos de la Coronación, de los cuales ha traído fotografías y pretende, por supuesto, que todos, los ornamentos finales queden librados a la elección de su esposa; si él, junto con el "diseñador", escoge y selecciona (de catálogos de accesorios, avisos y "exhibiciones") motores, volantes paragolpes y partes estructurales que se ofrecen en hormigón, bronce, fibra de caña de azúcar, nogal, etcétera, y logran diseñar un automóvil un tanto parecido al estilo de algún otro individuo; si solicitan después presupuesto a los cinco talleres mecánicos locales de Queens Village, eligiendo a uno de ellos por su habilidad, o precio; si el mecánico escogido, digamos, porque ha construido el velocípedo de su abuelo, insiste en el uso de otras ruedas distintas de las especificadas y el banco local, al conceder un préstamo de dinero al "propietario" en ciernes para ayudarlo a la financiación, hace que un experto examine los planos con el fin de que, adivinando el costo, determine una base del monto del préstamo, insistiendo de paso en la necesidad de sustituir varias piezas y métodos por otros en los que el banco está "interesado"; si luego, la compañía de seguros condena el uso de un cierto número de unidades porque no tienen "aprobación oficial" y obliga a remplazarlas por otras y cincuenta vendedores de materiales y accesorios son informados por una agencia, cuya función es averiguar los planes privados de este pobre hombre, de que está por "construir" un automóvil, y empiezan a perseguirlo con especiosas promesas; por último, si el municipio debe aprobar el diseño y los materiales y conceder un permiso de construcción del automóvil, enviando inspectores que los examinen mientras se lo está armando, es seguro que pocas personas deseosas de poseer un automóvil tendrían la temeridad de pasar por las vicisitudes exigidas para adquirirlos sobre una base tal de "artesanía" e "injerto". Y si tuvieran esa osadía, el automóvil costaría finalmente cerca de cincuenta mil dólares y resultaría totalmente insatisfactorio, por cuanto estaría lleno de "defectos" y carecería totalmente de un servicio de reparación cuando quedara terminado. En el campo de la construcción de viviendas, ésta es exactamente la situación. ¿Es extraño que la gente se apiñe en los departamentos de las ciudades? Para construir un automóvil semejante, habría que emplear no sólo un mecánico sino muchos, mal adiestrados, procedentes de distintos"oficios", según el estrambótico nombre que se les da: "carpinteros" para colocar el carburador y "albañiles" para montar el chasis, aunque muchas veces habría espacio para que trabajara únicamente un hombre. El concesionario, que estaría construyendo también otros autos en Far Rockaway, Roslyn, etcétera, se detendría allí una hora todos los días para inspeccionar el trabajo, fuera de lo cual la tarea no seguiría un método organizado. Probablemente se producirían huelgas de plomeros o electricistas, que insistirían en que se omitiera la mayoría de las mejoras de diseño por no tener "competencia" para llevarlas a la práctica. Y por si esto fuera poco, construir el auto llevaría de seis meses a un año, por cuanto actualmente en los oficios de la construcción los mecánicos llevan a cabo un término medio de treinta pasos por cada contacto útil, contra medio paso en las condiciones de una fábrica moderna de alto desarrollo; este hecho, unido a la consideración de las muy incómodas y riesgosas condiciones laborales de los oficios de la construcción y al hecho de que las compañías de seguros en su lista de accidentes fatales las enumeran en segundo término, sólo después de las imperantes entre los mineros del carbón, son cuestiones que indican el extraordinario cambio de situación que se operará en la nueva industria de viviendas, donde los mecánicos prestarán un servicio efectivo y a resguardo de peligros, trabajo que se remunerará sobre una base de eficacia y significará jornales mucho más altos que la escala presente. Es una ley de la evolución que los diseños sean obra del hombre o la "naturaleza", se reproduzcan en proporción directa a su grado mecánico de satisfacción de los requerimientos universales, se trate de un libro, una rosa, un lápiz o un bebé... Representa la medida del dominio intuitivo y consciente que tiene el hombre respecto del equilibrio. Tiene que desarrollarse una nueva industria de viviendas, inevitablemente, aun al punto de comandar a todas las demás. Las CASAS, lo mismo que otros instrumentos, no sólo deben ser diseñadas CIENTÍFICAMENTE, también DEBEN SER PRODUCIDAS; de lo contrario, se condenará justamente a los proyectistas por dar lugar, académica y estéticamente, a una reducción voluntaria de la población, por medio de una batalla de palabras... Será función del arquitecto ELEVAR el nivel de la existencia universal hasta llegar, progresivamente, al MÁS ALTO GRADO de supervivencia y desarrollo. Esto manifestará el CAMINO EVOLUTIVO del crecimiento humano, en oposición al revolucionario, perezoso, torpe método de nivelar las pautas elevadas de la existencia, poniéndolas a la altura del común denominador más bajo para satisfacer un complejo de inferioridad y excusar la imposición política a las masas de una devastadora cuña de "clases". La función del arquitecto-ingeniero será la irrevocable integración en la sociedad de una supervivencia fundamental, garantizada universalmente. Esto se hará por medio de una adecuada provisión de los "mejores" albergues, de las mejores ropas y alimentos, en mejoramiento constante, en un mundo donde —por medio del esfuerzo de un hombre de cada cinco, que trabaje sólo un día al mes— se pueden producir y distribuir los bienes y servicios que todos necesitan. Tendrán que triunfar el ingenio y la industriosidad en la lectura atenta de los innumerables datos tecnológicos disponibles para la integración de que se trata. Dejará de ser lucrativa la actitud de escurrir el bulto a la responsabilidad técnica y dedicarse a la improvisación, que lleva progresivamente a una autoanulación. La actividad del arquitecto-ingeniero debe perseguir un propósito, si ha de ser como debe. "No se trata de idear una mejor sociedad para llegar a una arquitectura superior; se trata de proveer una mejor arquitectura con el fin de arribar a una sociedad más deseable" (Theodore Larson). Cuando se sabe QUÉ hacer, la función combinada del arquitecto, el industrial y el arquitecto-ingeniero que sincroniza las operaciones es, primero, determinar los propósitos, no las causas, y después, actuar dentro de este conocimiento y desarrollar un adecuado diseño de vivienda que permita una autorrealización racional y espiritual, por la cual lucha el hombre desde hace tanto tiempo.
RICHARD BUCKMINSTER FULLER. NINE CHAINS TO THE MOON [fragmento]
Editorial J. B. Lippincott Company, 1938
Este texto forma parte del Grupo 1 de los Textos Maestros, disponibles en la página Web de la cátedra, sector de Historia 3, apuntes.

Fotografías de las casas Dimaxión, diseñadas por Fuller para ser producidas en serie, una reconstrucción de comienzos del 2000 en la Fundación Ford y la cúpula geodésica ahora denominada "Biodome" diseñada para ser el pabellón de USA en la expo de Montreal en 1967.
Editado por el arq. Martín Lisnovsky

7 comentarios:

Buzz dijo...

Genial y pedagógico. La primera parte es para regalar a cada cliente aunque nos quedemos sin nadie alrededor.

Dana dijo...

Ni el ultradiseño artesanal ni la dimaxion, el punto medio al cual ciertos estudios pueden llegar. El hormigón, las carpinterias de aluminio o PVC, los sistemas de calefacción, en fin, muchos sistemas prefabricados que se ensamblan de manera simple sin detalles extravagantes, es un punto medio entre ambas posturas. Un poco de prefabricación, y un poco de personalizacion, cosa que en el coche tambien se hace: elegir el color, el estéreo, el tapizado, las ventanas electricas, etc. Las casa de catálogo, común en USA, es otro ejemplo, aunque los estudios la desestimen mirando que son una competencia des-honesta. O cuando sale un modelo de auto nuevo no salen 8 versiones diferentes, con las casas de los barrios pasa lo mismo.

CresceNet dijo...

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SilverSurfer dijo...

Esta queja que nombraba Dana hacia las casas de catálogo (defenestradas estéticamente por sus decorados imposibles) de parte de los arquitectos me hace acordar de Julio de Grazia en Plata Dulce quejándose por los botiquines de plástico importados de China siendo él un fabricante de botiquines de madera condenado a la extincion. Los arquitectos se creen Da Vinci, ése es uno de los principales problemas

Tufi dijo...

¿Llegaron los spam y las propagandas a los comentarios de los blog? Yo no compro nada del cual me entere por una propaganda molesta e irrespetuosa

Gabriel dijo...

Yo creo que la critica que le puedo hacer a Buckminster Fuller es preguntarle: ¿Y Alvar Aalto?

Pilusman dijo...

Alto forma parte del trabajo artesanal al que irónicamente se refiere Fuller. No critica la calidad de la obra, sino mas bién el sistema complejo y engorroso con el cual se trabaja.

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